Poder participar en el desarrollo de su propia comunidad, ya sea a través de formatos de participación para los ciudadanos, la implementación conjunta de proyectos en el distrito o el trabajo voluntario caritativo en asociaciones, iniciativas o fundaciones, fortalece el sentido de comunidad, rompe barreras, une a las personas, aumenta la identificación con la comunidad y es una de las medidas más efectivas contra el odio, la incitación al odio, la intolerancia y la exclusión.
En particular, la política municipal tiene una responsabilidad especial en este sentido: Crea las condiciones marco en las que puede florecer el compromiso de la sociedad civil, abre espacios para el diálogo y el encuentro y garantiza que los ciudadanos puedan ser directamente eficaces con sus ideas, preocupaciones y capacidades.

